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Carmen* es la más virulenta: es capaz de descuartizar a quien no me respete, pero en ocasiones me manda a hacer puñetas con su acento friulano. Mientras mi madre vivió, se veían y telefoneaban a menudo a escondidas mías ( Carmen en el fondo era, por profesión, la más segura informadora sobre la circunstancia de que yo llevase o no la camiseta de lana). Discutían mi carrera y mi forma de gastar dinero, mis amigos y mis mujeres. Carmen ha sido testigo de cinco o seis períodos sentimentales de mi vida y siempre se ha colocado o apasionadamente a favor o rabiosamente en contra. Amó a Annamaría, expresó aprensión con respecto a Annette y creo que inmediatamente aversión por Juliette. Siempre defendió el orden unilateral y los privilegios del varón en casa, como mi madre, como es típico de las matriarcas. La culminación de la felicidad común para ella y para mi madre fue cuando introduje a esta última en una de mis apariciones televisivas, en el show "Canzonissima". Carmen la vistió para la ocasión, le envió un ramo de flores digno de la Callas, le sugirió que no se dejase intimidar, ni por el presentador, ni por las luces rojas de las cámaras, ni por los millones de espectadores.
Carmen ha sido testigo de cinco o seis períodos sentimentales de mi vida y siempre se ha colocado o apasionadamente a favor o rabiosamente en contra. Amó a Annamaría, expresó aprensión con respecto a Annette y creo que inmediatamente aversión por Juliette. Siempre defendió el orden unilateral y los privilegios del varón en casa, como mi madre, como es típico de las matriarcas. La culminación de la felicidad común para ella y para mi madre fue cuando introduje a esta última en una de mis apariciones televisivas, en el show "Canzonissima". Carmen la vistió para la ocasión, le envió un ramo de flores digno de la Callas, le sugirió que no se dejase intimidar, ni por el presentador, ni por las luces rojas de las cámaras, ni por los millones de espectadores.
Y mi madre estuvo a la altura de lo que ella esperaba: me quitó la palabra durante la transmisión, desgranando versos dantescos y cosas improvisadas como una veterana de la escena. Tuvo exaltadas críticas, cartas de admiradores, todo lo que esperaba por su derecho de su inexplotada teatralidad, del instinto histriónico que había alimentado desde niña y que luego había volcado sobre mí con violencia, "obligándome" a ser un actor, fulminando a quienquiera que en la platea se atreviera a toser durante mis monólogos, recitando conmigo mil porfías, y millones de silencios abusivos.. [...] Mi madre tuvo un infarto días después, la llevamos a una clínica y murió al cabo de una semana. Desde entonces es Carmen quien con mayor frecuencia que mi hermana y yo va al cementerio, para cambiarle las flores y seguir dialogando reservadamente, acaso para tranquilizarla diciéndole que sí, que me he puesto la camiseta de lana, y que mis trajes están a punto y que voy a firmar un buen contrato, a pesar de "quien me quiere mal ".
* Carmen era la encargada del guardarropas de Gassman desde 1952.
Vittorio Gassman. Un gran porvenir a la espalda. Sudamericana-Planeta.
tomado de:
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